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23 sept. 2016

Tenemos miedo.




Tenemos miedo a decir que estamos solos, miedo a estarlo y a que lo parezca, pero sobre todo a que lo parezca. Existe una especie de crisis mundial tras la posible idea de que, algún día, alguien, en algún lugar , pueda afirmar que hoy está más solo que ayer. 


Perder amigos, haber sido idiota y no haber sabido mantener a quién queríamos a nuestro lado, dejarnos vencer por la pereza, no superar a nuestros problemas, caer en la dejadez y desidia de los días que pasan y no mandas un mensaje, nunca acudes a ese café o simplemente, el teléfono deja de estar lleno de planes, sin motivo, porque si, porque os habéis hecho mayores y ahora cambias los cubatas por entradas de cine y aquella barra de discoteca que era tu segunda casa por el sofá y la manta.  Y no nos gusta, no queremos admitir que hemos cambiado, que los años han pasado por nosotros y que ya no tenemos la misma energía que hace un par de 365. Ahora te molesta el ruido y recuerdas que no hace mucho eras sumamente feliz embriagada por las peores canciones de los locales más feos de la ciudad. Qué importaba! Nada era necesario, ni si quiera estar cómodo o que el bar fuese bonito. Tenías toda la vida por delante y un montón de noches eternas que disfrutar... . 

Pero ahora ha pasado y te sientes sola, y aunque no lo vayas a admitir, sabes que te jode que las cosas, en parte, no sean como antes. A veces quisieras volver a aquellos tiempos dónde creíste tener demasiados amigos y dejar simplemente que sucediese eso de ¨dejarse llevar¨ . Y hay días en los que incluso crees que te has vuelto más triste, días en los que pesan todos los perdones que no has pedido porque no te escucharían, pero después te das cuenta de que tienes la suerte de haber vivido todo aquello y entonces sonríes. Sonríes porque has crecido , has madurado, ahora alguien camina a tu lado después de tantas tormentas . Te has caído y te has levantado y levantarás cada vez que sea necesario, o no, o quizás no te levantes y fracases, porque   ¿ sabes? A veces se fracasa y hay que decirlo. Nadie es perfecto y todos tenemos lagunas vitales. Pero también a esto le tenemos miedo. Tenemos miedo a decir que , una vez más, no hemos cumplido nuestros propósitos, que hemos engordado cuando habíamos jurado adelgazar, que hemos llamado a ese tío al que prometiste borrar de tus contactos, que te has ilusionado de nuevo, como una puta cría y que, crees que va a salir bien, por mucho que diga que quieres ir con pies de plomo. Nos equivocamos, tenemos miedo, estamos solos, y hay que decirlo.
La vida no es tan perfecta como queremos mostrar a veces, pero está bien que intentemos aparentar ser felices. Quizás de tanto practicar, acabe saliendo solo.


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