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23 may. 2017

Miradas.



En lo más cotidiano es dónde muchos encontramos la inspiración. En esa cotidianidad , hoy he pensado en las miradas.
Hay miradas que matan. Como la mirada de odio al contrario que ayer tuvo que dirigir el suicida en el estadio Arena de Manchester. Estoy segura de que si las víctimas mortales pudiesen hablar, nos contarían lo atroz de aquellos ojos.
Están también las miradas de temor, de saber que hagas lo que hagas está todo perdido, aunque esas, al final siempre dejan paso a las miradas de paz. Porque cuando ya no puedes luchar, solo te queda esperar y sentirte orgulloso de lo vivido. Miradas de paz , como las de unos abuelos, casi centenarios, que ya no se mueren, solo se van poco a poco.





Hay miradas que lo dicen todo, por ejemplo, adiós. Un segundo que lo cambia todo y si te he visto no me acuerdo. El momento en que supiste que todo aquello terminaba, la del día que conociste al amor de tu vida, aunque prefiero pensar que existe más de uno.
Están las miradas que  dicen más por lo que ocultan que por lo que quieren hacer ver. Esa mirada de una madre que no aprueba tu vida o la del que dice te quiero pero ya no lo siente.
Luego están las miradas de vida. Esas son unas de mis preferidas. Las miradas que hablan de lo que esa persona ha pasado, de su infancia,  de la tristeza precoz, de la bondad y sus razones… . Son bellas, pese a lo duro que se esconda tras ellas, pues son una especie de libro que cuenta cómo sobrevivimos.
Hay miradas de amor, y menos mal. Amor , como el que siente un padre que despide a su hija en la estación, aun temiendo que no todo le vaya a ir bien, pero aguantando las lágrimas porque sabe que es lo que toca. Miradas de amor, como la que diriges a esa persona en la que estás pensando, por la que lo cambiarías todo, incluso lo que nunca fuiste capaz..




Existen las miradas de nostalgia, esas en las que, por un momento vuelves al pasado y brillan las lágrimas. Nuestra mente en esos momentos es un cine donde solo ponen los momentos buenos. Que cabrones los recuerdos, siempre tocan dónde duele. Recordamos solo lo bueno y es ahí dónde las ganas  por recuperar lo pasado nos hacen olvidar lo grande del presente. Miradas de presente. Las de aquí y ahora. Las que diriges cuando dices ¨mira, a mi no me jodes más¨ o la que te diriges a ti misma el día que te miras al espejo y decides que hasta aquí hemos llegado.

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