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19 nov. 2017

Cada cosa a su tiempo.



Una vez te pregunté cómo era eso de echar de menos, cuánto duraba y si  creías que quizás podríamos morir de nostalgia. Sonreíste y te fuiste.
Ahora he entendido que todos tenemos tan poca idea como tú cuando no supiste dar respuesta a mis dudas. Que no podemos asegurar el tiempo que va a acompañarnos el sentimiento de desear con todas nuestras fuerzas que las cosas sean como antes o que de esto no nos vayamos a morir.

Pero el caso… . El caso es que con todo y con eso debemos saltar al vacío , incluso sabiendo que nos volverán a romper el corazón y que dolerá como la primera, aunque creamos que nada podrá ser comparable a aquel dolor que te hizo perder toda clase de esperanza en eso que llamamos tiempo.
Pero sí, hay un tiempo para todo. Para querer, para olvidar, para desear verte lejos, para sentirte fuera de lugar, para tener dudas, para discutir, para amar de nuevo… Y , inevitablemente, un tiempo para echar de menos.



Nadie puede asegurarte qué será lo mejor cuando te toque emocionarte viendo fotos de aquella noche que lo cambió todo, ni las de tu cumpleaños, ni el montón de recuerdos que sin hacer esfuerzo recuperas al cerrar los ojos. Nadie va a ser capaz de decirte cuánto duelen esos mensajes que guardas bajo llave en tu móvil por aquello de no soltar lastre, que ya se sabe que hasta para eso somos unos masocas materialistas. Ni lo que cuesta borrar un número de teléfono o soportar un ¨ es mejor así¨ cuando sencillamente, tú lo único que quieres es salir corriendo detrás de esa persona y decirle a la cara ¨te quiero y quiero que te quedes¨ .

Nadie describirá cuánto duele una herida que deja de doler, el momento en que tu corazón dice ¨ pasó y fue maravilloso  pero ya  no te quiero en mi vida¨. De verdad, no vas a estar preparado para asumir que va a llegar un día en que todo habrá pasado y serás incluso capaz de hablar de ello como parte de tu historia, de una historia que ya no escuece.

Aunque bueno, imagino que también, desprevenidos, nos sorprenderá un día  la nostalgia , entrando sin llamar, para bajarnos las revoluciones y dejarnos claro que , con todo, esa historia siempre caminará de nuestra mano y que aunque ya no permanezcamos allí, quietos en aquella esquina donde todo terminó, una parte de nuestra memoria es capaz de viajar, alguna que otra noche, a un tiempo en que fuimos felices.


Porque así  de terco es el recuerdo que siempre tiende a volver para hacernos creer que todo lo pasado fue mejor, aunque mienta, o no sea del todo cierto.

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