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5 ago. 2018

La constancia de las ganas.





La Real Academia Española define constancia como firmeza y perseverancia del ánimo en las resoluciones y en los propósitos. Resulta que toda mi vida he entendido mal el concepto. Yo creyendo que dejaba las cosas a medias porque en realidad no me gustaba lo que hacía y resulta que no, que se trataba del ánimo que ponía en ellas.
Hace unos días escuchaba en la televisión una entrevista con una atleta española que, a raíz de una lesión y de una negligencia médica, perdió una de sus piernas. La chica en cuestión ha escrito un libro en el que habla , entre otras muchas cosas, de lo importante que son las GANAS.

Yo tengo la sensación de haber tenido a mis ganas de vacaciones un tiempo. No estaban dormidas, ni si quiera desaparecidas del todo, simplemente estaban de vacaciones, unos días, quizás semanas, algo prudencial. Es curioso que , sin embargo, en agosto, el mes estival por excelencia, a mis ganas les ha apetecido volver, hacer acto de presencia y decir ¨venimos para quedarnos¨ ( hasta nuevo aviso, claro). O puede que haya sido yo que, como si de un jefe inoportuno se tratase, les haya ¨obligado¨ a tomar de nuevo el mando y hasta  a hacer horas extra.




Las ganas son como todo en la vida, cuestión de cuidarlas. Si tienes ganas de algo, es conveniente que lo hagas, que no descuides tus deseos, que los consientas y les den rienda suelta. También es bueno educarlas, hacerles saber cuándo no deberían aflorar y en qué momento vas a necesitar de ellas para darte un empujón. A las ganas a veces hay que obligarlas, como lo hace nuestro despertador, a levantarnos cada mañana. Las ganas tienen que saber qué merece la pena, deben equivocarse para aprender y descubrir que , a veces, las ganas no lo son todo.

Todos tenemos ganas: de ver a una persona, de que llegue el invierno, de revivir aquel verano, de dar de nuevo ese primer beso, de terminar una carrera, de cambiar lo que dijimos, de borrar aquel mensaje, de decir la verdad, de contar alguna mentira, de ser nosotros, de ser otros... . Las ganas son la clave. Cuantas más ganas tengas, más probabilidades, sin duda. Pero ojo, preparemos a las ganas para la caída que , irrefrenable, siempre llega.

Pero claro, las ganas también son un poco maleantes , vienen y van , y, a veces, se esconden y no muestran su guarida. Debemos respetarlas cuando no quieren  salir, no lo olvides. 
A las ganas hay que darles las gracias cada noche y, si fuese necesario, hacerle un día de fiesta, para que se den cuenta de cuánto las valoramos, de lo necesarias que son, de cuánto nos hacen falta.

La Madre Teresa de Calcuta dijo algo así como que para que una lámpara esté siempre encendida , no debemos nunca de dejar de echarle aceite. Un buen símil con las ganas, ¿ no creéis?.

Para tener ganas, hay que echarle ganas, y así, tener más ganas.






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