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24 mar. 2019

¿ A qué temes ?



Si no somos valientes es porque hubo una vez que nos rompieron el corazón y dolió. Dolió casi como el día que descubriste que para crecer había que renunciar al colchón paterno. Como dolía cada vez que tenías que despedirte de tu pandilla de verano, sabiendo que para el próximo  alguno causaría baja.

Si no nos atrevemos a dar el paso es porque tememos al rechazo. Porque una vez alguien nos hizo creer que no éramos dignos de amor. Y lo más duro es que ese alguien éramos nosotros, contándonos el cuento de una forma destructiva, como si una boca cerrada fuese a anunciar que nadie más va a querernos. Como si existiese en el mundo una persona culpable de tu autoestima.

Si no somos valientes, si no nos atrevemos a dar el paso, es porque nuestro niño interior tiene miedo a que no le quieran, a que su orgulloso saco de virtudes no sea suficiente. Porque creemos que los demás se enamorarán de nuestras cosas buenas, sin darnos cuenta de que solo hace falta que alguien crea en lo que ve en ti. 
No somos valientes porque hubo una vez que nos hicieron tanto daño que creímos que nada dolería como ese adiós, como esa despedida que nunca tuviste. Porque dolió mucho asumir que , en realidad, ninguna historia es como tú te la has contado.

Hubo una vez que alguien puso nuestro mundo patas arriba. Una vez que el amor era una noria en la que lo único seguro es que la subida era ilusionante. Pero, la bajada. Como dolía.

Y porque a fin de cuentas hay que ser muy valiente, y estar muy loco y ser un kamikaze y un inconsciente y un desalmado para decidir querer a alguien aun sabiendo que llegará un día en que tendrás que despedirte con historia o sin ella.

Porque hay que ser muy valiente para que esa canción siempre te hable de lo mismo, para echar de menos cada día aun sabiendo que  ya no correrías detrás, y que eso a veces incluso duela más.
Para no entenderlo y tener que aceptarlo.


21 mar. 2019

Tu lugar en el mundo.





Qué importante es encontrar tu sitio.
Creo que no existe una mejor sensación que estar donde quieres estar.
Vivir en la ciudad que te acoge, por la que ya podrías pasear con los ojos cerrados y al mismo tiempo , que te descubre algo diferente, cada día.
Abrir la puerta de tu casa y sentirlo hogar, rodeado de lo que te gusta.
Habitar un cuerpo que, aunque a veces cambiarías por otro, aceptas y entiendes.
Saborear ese café de la cafetería a la que te gusta ir cada tarde.
Escuchar esas dos o tres canciones que podrían ser la banda sonora de tu. Y de hecho lo son.
Mirar a quien te hace el camino llano y entender que en el fondo de eso se trata el amor, de ponerse las cosas fáciles que para dura ya está la vida.



Estar donde quieres estar no siempre es fácil. A veces cuesta tiempo, otras esfuerzo. A menudo depende de las dos cosas, para que mentir. Pero cuando uno mira atrás y ve que todo mereció la pena por llegar aquí, entonces estás donde quieres estar.



4 dic. 2018

Que nadie nos salve.





Queremos que nos quieran como una forma de rescate.

Queremos que nos quieran para salvarnos, como si la vida empezase y terminase en alguien más que en nosotros, un corazón que algún día, seguro segurísimo, dejará de latir, solo. 

A menudo escucho frases que en un principio procesaría como bonitas: ¨No puedo vivir sin ti¨ ¨ me haces falta ¨ ¨ menos mal que llegó para cambiarlo todo¨. Las observo, las leo, las escucho y hasta a veces las pronuncio, para qué engañarme. Nadie es coherente las 24 horas del día. Ni si quiera una hora, diría yo.
Después las pongo sobre la mesa, las pienso y las analizo. ¡Maldita sea! Nadie ha venido a cambiar el mundo de otra persona y , desde luego, nadie ha muerto por amor, aunque a veces el fallecimiento de una pareja de ancianos, con muy poco espacio temporal, nos haga creer que podemos morir echando de menos. Quizás es que todos queremos ser los protagonistas de una historia tan bonita como esas.

Queremos que nos quieran para salvarnos, porque tenemos la sospecha de que es mejor dejarse levantar por la fuerza del otro, que es mucho más romántico esperar a que otros hagan por nosotros lo sucio, lo feo, lo que deberíamos hacer (por) nosotros.



Queremos que nos quieran como una forma de rescate, porque solo así daremos respuesta a lo que tanto tiempo andábamos buscando, ese ser maravilloso que hará lo que sea para elevarnos y hacernos felices, que nos encontrará hechos añicos y tendrá el superpoder de recomponer nuestro corazón. Deberíamos conocer lo peligroso  que es poner nuestra fortaleza a disposición de alguien que quizás mañana quiera irse.

Pero yo no quiero que me salven, yo no quiero que me necesiten, ni, mucho menos , quiero que nadie cambie mi mundo. No quiero que alguien sienta que soy la parte que le faltaba o con lo que llenará un vacío. Tampoco quiero, ya no, estar al lado de una persona que me haga sentir que si él o ella no estuviese, todo perdería sentido. Porque afortunadamente las decepciones y aciertos que ahora viajan en mi mochila, me enseñaron que siempre voy a estar conmigo misma, pase lo que pase,y por eso, ante todo, tengo que cuidarme.

Querer no puede ser el remiendo cutre a un pantalón que siempre se rompe por el mismo sitio. Querer no puede ser una necesidad, ni una obligación, ni una meta, ni algo que debamos encontrar o anhelar. Querer no ha de ser jamás una batalla que pelear. Queramos porque suceda, porque surja, porque sí, porque no podamos evitarlo. 
Pero queramos completos, libres, felices y tristes, entendiendo al otro, con empatía, con los brazos abiertos y los rencores cerrados. Queramos enteros, sin necesidad de que nadie nos llene o complete,  asumiendo las carencias que todos, absolutamente todos tenemos. Queramos hoy, sin obligar al otro a que mañana lo haga del mismo modo, entendiendo que nadie nos pertenece y que las cuerdas solo salvan vidas en el mar y la montaña.
Queramos sin buscarlo, porque las personas importantes te las va a presentar la vida, cuando estés despistado, para enseñarte que si fuerzas la máquina, no funciona.
Y queramos empezando por nosotros, para no medir el amor propio en función de lo que los demás harían o darían por ti, que no se trata de eso, de verdad.
Queramos pero si sentir que alguien ha venido a salvarte, porque cuando te haga falta,seguro, vas a salvarte tú.


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