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23 nov. 2018

Tenemos que vernos más.



Y hablar más, besarnos más,  compartir más y, sobre todo, vivir más.

Creo que deben de quedar pocas personas sin recibir el vídeo de Ruavieja, un pequeño corto, visualizado 8 millones de veces en menos de un mes, en el que se pregunta a parejas formadas por diferentes relaciones humanas ( madre-hijo, amigo-amigo , amiga-amiga, amigo-amiga…) cuánto se ven y así poder calcular lo que les queda en sus vidas por estar juntos.

Ruavieja patrocina el vídeo putada del año. Putada porque va directo a nuestra culpa, a nuestro corazón, al lugar dónde está lo que no hacemos suficiente y sabemos que deberíamos hacer más. Pero a mi eso de la culpa no me gusta, nada.
Ruavieja le echa la culpa al tiempo que pasamos mirando las dichosas pantallas, tiempo que restamos a estar haciendo lo que de verdad importa. Ruavieja nos coloca frente a una realidad que debemos cuestionar y ser críticos con ella pero mezcla el tocino y la velocidad. 



El vídeo me ha emocionado, para qué negarlo, pero me emociona mucho más pensar en todo ese tiempo que podemos disfrutar con los nuestros, abrazarlos, decirles las cosas que no queremos que se nos queden en el tintero, que necesitan escuchar, que necesitamos decir… . Pero yo creo que no se trata solo de la cantidad de tiempo. A veces hay parejas que viven años y años bajo el mismo techo pero no conviven, amigos que quedan cada tarde y no son capaces de llenar silencios. Hijos que no se han ido de casa pero ya no tienen nada en común con sus padres o matrimonios que en lugar de amarse se han pasado a la conjugación de aguantar. Abuelos de los que se abusa para cuidar de sus nietos cada día bajo el lema ¨ ellos encantados¨ o personas que no son capaces de vivir un día sin contacto con el resto del mundo por miedo a quedarse solos. Amar no es depender, recordadlo siempre.

Amemos, sí, estemos juntos, sí, pero que sea cuando de verdad queramos. Pensemos en que un buen día la persona en la que pensamos no va a estar aquí pero  estoy segura de que lo que recordaremos no serán el cómputo de horas que hemos pasado juntos, más bien lo que de esas horas ha quedado en nosotros.
Como los amores de verano, que no por cortos, son menos intensos.

Quizás Ruavieja quiere decirnos en realidad que hay que verse más, pero verse de mirarse a los ojos, de estar juntos y estarlo en serio, no por cumplir y listo. Que si abrazamos tenemos que hacerlo con muchas ganas y que si quedamos para hablar es para hacerlo a corazón abierto tocando a veces ahí donde más duele.



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